domingo, 12 de diciembre de 2010

Mi Suelo

Hoy mis zapatos arrastran el pesar de un suelo viejo y abandonado; recorrido una y mil veces por millonadas de pasos y manchado vanamente por las huellas de un pasado inolvidable…
Un suelo por el que una vez corrió el niño en zapatos de goma persiguiendo sueños de noche y luciérnagas en el día… En el que las medias del joven se deslizaron un día patinando sobre el polvo para huir de los problemas… Un suelo untado de aromas de toda clase y olor, que inmortalizan los pasos invisibles del primer amor sobre esa baldosa especial marcada con el recuerdo del primero de los besos.
Ese suelo frío y resistente que soportó el peso de aquél desgraciado iracundo que fuertemente taconeaba sus penas al severo ritmo de un flamenco sin fin. Aquél suelo que fue lavado tantas veces con las lágrimas del triste que a pocos pasos andaba y en los vacíos rincones hacía mella a las huellas que dejaba sepultadas en la oscuridad de su sombra agachada y preocupada por el infeliz que lloraba.
El suelo por el que anduvieron las botas de aquél alegre viajero que se paseaba de lado a lado pisoteando bruscamente y con arraigada alegría mientras repasaba una a una sus aventuras de vida. Suelo que escuchó el chillido de las sillas en las reuniones familiares, donde todos calzaban distinto, pero marchaban iguales. En el que una vez se regaron las huellas de todos aquellos que alguna vez le pasaron por encima, de todo el que ocupó un sitio importante y dejó su marca plasmada; y también de los muchos otros de los que solo queda una marca translúcida casi olvidada.
El mismo suelo en el que alguna vez bailó el amor vestido de príncipe azul, que con porte y elegancia dibujaba el vals del felices por siempre y prometía danzar eternamente y sin descanso hasta el final de los días.
Un suelo que recuerda mi esencia por la forma de mis huellas, el peso de mis zapatos o el sabor agridulce de mi líquida tristeza… Suelo viejo y jamás limpiado que guarda todo mi pasado, que marca mi presente y ansía palpar mi futuro. El que recibió una vez la compañía de tus pasos, que aunque distintos, fueron invitados a compartir todas esas pisadas mías y de los míos, como si fueran tuyas y de los tuyos…
Tus pasos, con los que caminé persiguiendo el mismo norte, aún danzando el vals del amor y todavía vestido de príncipe azul… Creyendo que ahora habría un camino de cuatro pisadas con rumbo a la eternidad.
Ahora solo puedo contemplar… Más allá de la suciedad, las telarañas y las huellas olvidadas, como tus zapatillas se rompen y tus pasos recientes se alejan de mí y te empiezas a fundir entre las pisadas fantasmagóricas… Dejando algunos pasos fuertes que me mueven el recuerdo de cuando andábamos juntos y marchándote, como todos los demás, dejando mis pasos de nuevo en un caminar de dos huellas. Dejando que sea yo mismo quien siga pisando este lugar hasta que haya otro caminante de vida o algún nuevo bailarín que me prometa de nuevo el vals del amor eterno. El que dura hasta el día en que se rompen los zapatos de baile.

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