Siempre he dicho que un corazón soñador se muere soñando entre sus propias sábanas ingenuas, entre la magia y las mentiras que ocultan el áspero sabor de la realidad.
Pero qué pasa cuando este corazón es violentado y se parte en dos, tres o cuatrocientos millones… ¿A dónde se van los sueños e ingenuidades?
Siempre me pregunté qué se sentía cuando el corazón se partía… Nunca nadie me dio una respuesta tan real y cruda como la que ahora experimento en carne propia. Algo se te parte en tantos pedazos que ya no los puedes contar, y todos ellos se te esparcen por la totalidad del cuerpo como queriendo escapar de él, con la ilusión de hallar un lugar menos oscuro y desafortunado que el desgraciado que las acapara. Los pulmones se empiezan a contraer tan rápido que ya no sabes si respiras o gimes de dolor; la presión te ahoga, te cohíbe, te obliga a ser un cadáver momentáneo que tiene que mantenerse vivo con la sola voluntad de no caer frustrado ante el amor.
Dentro de ti se mueve una avalancha de sensaciones enemigas, de esas que solo llegan cuando tienes los hilos descuidados y estas maliciosas se apoderan sin piedad de lo poco que queda de ti en ese momento. Ahora dejas de ser el que eras y te conviertes en un esclavo del dolor y el desamor, solo actúas por instinto, y el instinto lo dominan tus ventrílocuas, las maliciosas sensaciones.
Toda tu razón esta anestesiada: No piensas, solo sientes, y sentir sin pensar es peligroso. Cometes locuras, hablas tonterías, pretendes llorar, pero no tienes lágrimas; quieres gritar pero no tienes voz; intentas golpear pero no tienes fuerza. Estás limitado, estas debilitado. Sientes que te falta algo.
Cuando la razón despierta, notas lo patético que fuiste, sientes el vacío que tienes en el pecho, despiertas de una pesadilla, una en la que se te quedó un pedazo de alma, un trozo de cuerpo. Pretendes ser fuerte, pretendes alimentar tu orgullo alentándote a evadir el dolor, con la banal idea de que nadie se ha muerto de amor.
Si se te para el corazón padeces de un infarto: tu sangre deja de bombear y tu cuerpo deja de vivir. Estás clínicamente muerto. Pero… Y si se te parte el corazón en pedacitos y sientes que en él no hay vida ni razón de palpitar… ¿Cómo se le llama a ese tipo de muerte?